Voces Estudiantiles

El duelo en la necrozona: Una reflexión política para la psicología

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Esaí Ortiz Rivera, MA (elle/él)

Estudiante Doctoral de Psicología Clínica

“[Propongo] una comprensión diferente de la melancolía, no como una patología o como un estado de ánimo ensimismado que inhibe el activismo. Más bien, como un mecanismo que nos ayuda a (re)construir la identidad y a llevar a nuestros muertos con nosotros a las varias batallas que debemos librar en sus nombres - y en nuestros nombres.”

- José Esteban Muñoz, Disidentifications: Queers of Color and the Performance of Politics (1999) (traducción propia)

Ante el reflejo de un espejo roto, trastocado por el odio que se reflejaba en el, se encontraba una mirada en constante desespero, buscando asegurar su vida. Así, Alexa caminó por las calles del país, siempre con su espejo que, más allá de servirle como artefacto de protección, nos reflejó ante la eventualidad de su muerte, la transfobia y el abandono que experimentan sujetos minorizados en nuestro país. La pérdida de Alexa trastocó los afectos y emociones de la comunidad LGBTTIQ+ en Puerto Rico y fue capaz de desatar una cadena de discursos que buscaban rescatar cualquier semblante de humanidad que se le había negado en vida. El duelo colectivo fue evidente; quienes la conocían narraban experiencias vividas junto a ella. Del otro lado de la moneda, los comentarios cargados de violencia y epítetos transfóbicos florecieron horas previo a su muerte y que posiblemente, incidieron en que se suscitaran los hechos. A través de estas muertes, queda evidenciado no tan solo el carácter de urgencia con el que se tiene que atender y erradicar el discrimen contra las comunidades LGBTTIQ+ sino de las insuficiencias cuando pensamos la muerte en el contexto colonial.

            En este escrito, convoco a unas reflexiones en torno al posicionamiento político de la psicología ante la constante exposición a diferentes manifestaciones de la violencia y ante las muertes que ocurren constantemente, una detrás de la otra y de forma simultánea. Es necesario reconocernos como sujetos políticos y dar cuenta de la historia de nuestra disciplina que ha sido partícipe de la reproducción de hegemonías. Sin lugar a duda, asumirnos como sujetos políticos dentro del andamiaje sistémico nos hace un llamado a formar parte de un proceso de cuestionamiento a las normas establecidas y a tomar un rol activo en la transformación social y política. Para guiar esta reflexión, partiré del concepto de la necropolítica de Mbembe (2011) para dar cuenta de las formas en que se organiza nuestro sistema político. Utilizando esta incursión teórica, intentaré contemplar las formas en que ciertas poblaciones se encuentran vulnerabilizadas y expuestas constantemente a una muerte precoz. Finalmente, cierro con una invitación a (re)pensar el duelo y al malestar de los sujetos que acuden a nuestros espacios para asumirnos dentro de una responsabilidad sociopolítica para con nuestra población. 

            Pensar la violencia en el contexto de Puerto Rico, nos invita a una reflexión sobre las subjetividades que surgen dentro del contexto político-económico y colonial de nuestro país. Mbembe (2011) en su trabajo sobre la necropolítica, examina las nociones del poder y la biopolítica que plantea Foucault en el crepúsculo de su vida. Bajo la noción foucaultiana, la formulación del sistema político de la modernidad consiste en un “hacer vivir y dejar morir”; es decir, Foucault (1990) plantea que la organización sociopolítica se rearticuló a partir de la disolución de las monarquías y la figura del soberano para dar paso a formas de regulación y optimización de la vida desde donde se articula el poder. Sin embargo, para Mbembe, esta formulación no es suficiente para dar cuenta de las formas en que se manifiesta el poder en contextos (pos)coloniales y en lugares constituidos bajo un “estado de excepción”. Para esto, ofrece una teorización partiendo de la siguiente formulación: ya no consiste solamente en ‘hacer vivir, dejar morir’ sino que los poderes se organizan en torno a la decisión sobre quién vive y quién muere. Es así como Mbembe (2011) nos señala que, las necrozonas, o “mundos de muerte, [son] formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones se ven sometidas a condiciones de existencia que les confieren el estatus de muertos-vivientes” (p. 75).

La creación de mundos de muerte merece un análisis particular dentro del contexto de Puerto Rico, particularmente por los estragos que ha causado el colonialismo y la colonialidad en nuestra sociedad. 

Dentro de nuestro contexto sociopolítico, los desastres y las precariedades reproducidas por nuestra situación colonial han hecho de Puerto Rico un destino para la muerte desenfrenada y sancionada. Para mayor comprensión de esta dinámica, es necesario hacer la distinción entre colonialismo y colonialidad. Maldonado-Torres (2004) sostiene que colonialismo es “relación política y económica, en la cual la soberanía de un pueblo reside en el poder de otro pueblo o nación” mientras que la colonialidad emerge del colonialismo moderno pero, que no está vinculado a las formas en que se desarrollan las relaciones políticas entre territorios sino que “se refiere a la forma como el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones intersubjetivas se articulan entre sí, a través del mercado capitalista mundial y de la idea de raza. (p. 63).

Esta distinción nos lleva a reflexionar sobre los embates a los cuales nos enfrentamos como sujetos colonizados. Partiendo de la premisa de la colonialidad, es importante añadir que dentro de las violencias que se desatan al interior de este contexto, se encuentra la normalización de la no-ética de la guerra, es decir, de un estado de excepción donde se normalizan las violencias a los sujetos que habitan el territorio (Maldonado-Torres, 2004). Este proceso de “colonialidad del ser” (Maldonado-Torres, 2004) conlleva a la deshumanización de los cuerpos y subjetividades que transitan esos mundos de muerte, esos no-sujetos muertos-vivientes. La normalización de los estados de excepción conlleva, a su vez, la normalización de la violencia patriarcal y racista (Maldonado-Torres, 2004) al igual que otras formas de violencia sistémica. A partir de esto, podemos pensar que las subjetividades trans-gresoras del género y la sexualidad se encuentran expuestas a una muerte prematura que recae sobre los sujetos a raíz de la institución del orden necropolítico.

            Es importante, entonces, entender que la precariedad ha organizado los modos de relación en el contexto de nuestro país. Luego de la instauración de la ley PROMESA, la constitución de la Junta de Control Fiscal ha desatado políticas de austeridad que han arropado a todo el país, aunque a unos sectores más que a otros. Para Butler (2015), la precariedad consiste en una condición política que somete, de manera diferenciada, a sectores de la población a medidas de austeridad, precarización y de abandono. De este modo, la precariedad se reproduce de forma que afecta a sujetos minorizados, en especial quienes habitan espacio identitarios disidentes (Butler, 2015). La mirada que nos ofrece Butler nos invita a analizar y comprender desde un posicionamiento político los malestares que muestran quiénes llegan a nuestros espacios como sujetos muertos en vida. Así, el sujeto puertorriqueño se encuentra constantemente enfrentando las violencias de la colonialidad y el abandono social y político de las estructuras del Estado. Esto no es decir ni avalar una mirada reduccionista y pesimista, sino dar cuenta de la complejidad y de que hay algo más que ocurre con las personas con las que trabajamos.

            La exposición a la precariedad y los modos organizativos de la necropolítica constituyen un desplazamiento de las subjetividades a la otredad. Ante la violencia de la colonialidad y la vulnerabilidad de los sujetos, Butler (2015) cuestiona el “reconocimiento” que se le otorga a ese sujeto minorizado. En tanto expuesto a una violencia innombrable y una vulnerabilidad constante (Butler, 2004), el sujeto no es reconocido como tal y se somete a las miradas y lentes deterministas de las formas de organización política; es decir, el reconocimiento otorga un lugar al sujeto. El sujeto dentro de las necrozonas queda destituido de ese lugar. Entonces, emerge la interrogante sobre la propia capacidad de “llorar” y pasar por un proceso de duelo con referencia a ese sujeto (Butler, 2015). Esto no es más que decir que, en tanto no se le reconoce su lugar como persona y se le expone a una muerte precoz (física o social). Hemos enfrentado una cantidad inconmensurable de muertes en nuestro país, particularmente de personas trans cuyos nombres surgen en la esfera pública luego de su muerte (Padilla & Rodríguez-Madera, 2021). El proceso de duelo y lidiar con la perdida de personas que sufrieron una muerte súbita por su condición de vulnerabilidad, es uno que está en constante movimiento y no debería fijarse a delimitaciones particulares desde las cuales se comience a patologizar al sujeto. En todo caso, pensar el duelo como un proceso intersubjetivo, nos convoca a pensar desde las subjetividades necropolíticas y como instancias de nuestras vidas.

            Los discursos que parten del echapalantismo, es decir, desde posicionamientos que hacen llamados a movernos con rapidez y facilidad desde nuestros espacios de sufrimiento y duelo colectivo, nos arropan desde muchos espacios de nuestra disciplina. ¿Qué hacemos para con los sujetos que nos llegan arropados en precariedad en constante proximidad a la muerte? Nuestra posición como psicólogues debe trascender de las intervenciones individuales y paradigmas que situan al sujeto como constituido de forma individual y no adentro y desde un espacio sociocultural que también es político. La invitación es a pensar la psicología como una disciplina que tiene la responsabilidad de prestar la escucha y los espacios de intervención pero que, a su vez, tiene la responsabilidad política de transformar la realidad material que reproduce las instancias y contextos que sostienen la opresión sistémica y el desarrollo continuo de la necrozona. La teoría de Mbembe no tan solo nos ofrece un lente de suma importancia sino de comprensión de los malestares que presentan quienes acuden a nuestros espacios. La psicología debe asumirse dentro de la ecuación política, esta vez desde una resistencia que es necroresistencia porque nos movemos a las trincheras donde luchamos por nuestra dignidad como puertorriqueñes, cargando en nuestros brazos las vidas que nunca se completaron, las que nos fueron arrebatadas demasiado pronto, de forma precoz y que ahora nos acompañan en nuestra lucha contra la colonialidad y el colonialismo. La lucha es para hacerles justicia, pero ese “hacer justicia” es también el futuro de todes les puertorriqueñes.

 

 

Referencias

Foucault, M. (1990). Right of death and the power over life. History of Sexuality: Volume 1 An introduction. (pp. 133-159). Vintage Books Edition.

 

Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Necropolítica seguido de Sobre el gobierno privado indirecto. (E. Falomir Archamblaut, trans. Ed.). (pp. 18-75). Editorial Melusina.

 

Maldonado-Torres, N. (2004). Sobre la colonialidad del ser: Contribuciones al desarrollo de un concepto.http://ww.decolonialtranslation.com/espanol/maldonado-colonialidad-del-ser.pdf.

 

Butler, J. (2015). Gender politics and the right to appear. Notes Toward a Performative Theory of Assembly. (pp. 24-65). Harvard University Press. 

 

Butler, J. (2004). Violence, mourning and politics. Precarious life: The powers of mourning and justice. (pp. 19-49). Verso. 

 

Padilla, M.  & Rodríguez-Madera, S. (2021). Embodiment, gender transitioning, and necropolitics among Transwomen in Puerto Rico. Current Anthropology, 62(23). http://dx.doi.org/10.1086/711621.

 

Muñoz, J. E. (1999). Photographies of mourning: Melancholia and ambivalence in Van DerZeee, Mapplethorpe, and Looking for Langston. Disidentifications: Queers of Color and the Performance of Politics. (pp. 57-74). University of Minnesota Press.