Artículos

David E. Rivas, B.S.

Universidad Carlos Albizu

Resiliencia, ¿debemos hablar de ella?

          Lo que aporta a que una comunidad sobrelleve su adversidad no necesariamente es lo opuesto a sus áreas a mejorar; por esto, es muy necesario estudiar sus fortalezas también. De igual forma, lo que para algunas personas es una fortaleza o un recurso, quizás para otras personas no lo sea. Por ejemplo, en algún momento se pensó que divulgar la orientación sexual era un factor protector para minorías sexuales. Wong (2015) explica que no era el acto de divulgar el factor protector, sino el recibir apoyo social. Es decir, divulgar la orientación sexual a personas LGBT+ afirmativas potenciaba ganar redes de apoyo. El autor también expone que divulgar esto en un país con políticas LGBT+ afirmativas, tampoco sería lo mismo a hacerlo en un país con políticas draconianas en cuanto a ello. En resumen, podemos decir que estudiar fortalezas o un concepto abstracto como resiliencia, tiene mucho que ver con que significado se le da al concepto, el contexto ambiental en donde surge y el momento histórico en donde ocurre. Para propósitos de este artículo me enfocaré en el concepto de resiliencia, el cual guarda cierto grado de relación con fortalezas individuales y comunitarias. 

 

          En psicoterapia, las fortalezas de quienes participan de nuestros servicios de salud mental son un elemento invaluable. ¿Qué potencia su resiliencia? Lo primero que hay que comprender es que la resiliencia no es un one size fits all y es un concepto con definiciones divergentes en la literatura. La resiliencia ha sido conceptualizada como un rasgo de personalidad, un proceso, un resultado, como algo que tienes o no tienes, como multifactorial y multisistémico (Southwick, Bonanno, Masten, Panter-Brick, & Yehuda, 2014). Es imprescindible que, al hablar de ella, especialmente como parte del quehacer académico, seamos precisos en el lenguaje y digamos a qué nos referimos. Mas allá de esto, les invito a criticarla al trabajar con minorías sexuales y de género diversas. Un pensamiento que nos puede venir a la mente es: “Espera. ¿Estudiar la resiliencia es importante o criticable? Escoge un lado.” A continuación, indicaré por qué es importante estudiarla y, a la misma vez, tener cuidado con nuestras posturas al abordarla.

 

          Si el tema de minorías sexuales y de género diversas es uno que le interesa, es muy posible que mientras lea artículos científicos se haya topado con, o que se vaya a topar con, Ilan Meyer. En los noventa, él transformó la forma en que se teorizaba sobre la opresión homosexual cuando presentó el Modelo de Estrés Minoritario (Meyer, 1995). En esencia el modelo propone que las minorías sexuales, al igual que otras minorías, enfrentan niveles más altos de estrés que la población general y que, como resultado de esto, su salud fisiológica y mental se puede ver comprometida (Meyer, 2003). No es que estadísticamente las minorías sexuales enfrentan niveles más altos de ciertas condiciones fisiológicas/mentales como resultado directo de ser quienes son, sino que el rechazo y el discrimen al que se enfrentan juegan un papel importante como determinantes de su salud. Cabe destacar que, aunque este modelo es reconocido por su aplicación a poblaciones LGB, también se puede aplicar a poblaciones género diversas (Hendricks & Testa, 2012; Meyer, 2015).

 

          Meyer (2015, p. 210) define resiliencia, y traduzco, como “la cualidad de poder sobrevivir y triunfar ante la adversidad.” Hace la distinción entre afrontar, que implica cualquier esfuerzo para sobrellevarla, y resiliencia, que sí implica el éxito. Desde el mismo modelo el autor teoriza que, en esta relación, la resiliencia individual y comunitaria fungen como amortiguadores del estrés. En definitiva, no podemos hablar de resiliencia sin hablar de estrés o separar resiliencia del Modelo de Estrés Minoritario (Meyer, 2014; Meyer, 2015). Esto nos vuelve a remontar al principio, estudiar áreas a mejorar es igual de importante que estudiar fortalezas porque son partes de un todo. Ahora bien, ¿por qué debemos ser críticos? 

 

          Primero, conceptualmente sin la existencia de la adversidad, la resiliencia no existe. Es decir, no podemos olvidarnos que la razón por la cual las personas oprimidas son catalogadas resilientes es como resultado de la opresión sociopolítica a la que se enfrentan y que DEBEMOS erradicar. Comprender las estrategias adaptativas de afrontamiento que utilizan, ya sea a nivel individual o comunitario, no significa que ahora lo esperaremos de todas ellas; sino que, cuando funjamos nuestros roles, tengamos información para reflejarle las fortalezas que ya poseen, escuchar antes de decidir desarrollar lo que sea para colaborar/aportar y que cuando facilitemos procesos de crecimiento lo hagamos de forma empática y culturalmente sensible. 

 

          Segundo, un punto muy interesante que trae Meyer (2015) es que, desde la cultura occidental, principalmente la estadounidense, la resiliencia está pensada desde el triunfo individual ante la adversidad. Él explica que pretender que todo el mundo es inherentemente resiliente o que puede llegar a serlo independiente al contexto es contraproducente, porque puede reducir la responsabilidad social de proteger a las minorías y promover que lo manejen de forma individual/privada. Por esto incluye la resiliencia comunitaria cuyo enfoque de intervención son recursos sociales (Meyer, 2015). En el mismo escrito, el autor aclara que no significa que nos olvidemos de las intervenciones individuales, sino que las conciliemos con las comunitarias como parte de un mismo continuo. 

 

          Si contextualizáramos todo lo que he presentado a Puerto Rico, ¿qué encontrásemos? Tan reciente como el 2004, fue que en Puerto Rico las relaciones sexuales entre el mismo sexo fueron descriminalizadas (Laureano, 2016). Tan reciente como el 2014, fue que se comenzaron a desarrollar clínicas específicamente dirigidas a salud trans y se comenzaron a visibilizar los lugares que ya les incluían para diversos servicios. Ni hablar de las comunidades no binarias en Puerto Rico, que son aún más invisibilizadas. Por su parte, si hablásemos de resiliencia comunitaria en Puerto Rico debemos reconocer que los recursos no solo son limitados, sino que mayormente se concentran en el área metropolitana y urbana. Por ejemplo, el primer grupo de apoyo para hombres trans en la Isla fue creado en noviembre 2015 y, no sorprendentemente, en la capital. Es decir, estamos solo comenzando a revolucionar la forma en que como país atendemos la desventaja social a la que se enfrentan estos grupos. Por tanto, en un contexto como el de Puerto Rico, en donde los servicios de salud, apoyo social y equidad de oportunidades para las minorías sexuales y de diversidad de género son un reto (Vázquez-Rivera, Martínez-Taboas, Francia-Martínez, & Toro-Alfonso, 2016), exigir resiliencia individual o sobreencofarnos en lo individual es casi esperar dotes sobrenaturales. Meyer (2015, p. 211) nos recuerda que, y traduzco, “a pesar de nuestro pensar que la resiliencia personal es un atributo de la persona, no todo el mundo tiene la misma oportunidad de resiliencia cuando las estructuras sociales que la sostienen no son equitativas.” Ahora bien, vuelvo a enfatizar que esto no significa que no es importante, conocer tanto las estrategias adaptativas individuales como las comunitarias para las intervenciones, sino que es importante que se estudien de forma crítica. 

 

         Finalmente, cabe destacar que existe carencia de información sobre las respuestas adaptativas de estas poblaciones ante la adversidad en Puerto Rico, algunas más que otras; al igual que el estudio de otros conceptos como, por ejemplo, la resistencia como poder en estas poblaciones. Exhorto a que se estimule su investigación, se colabore con agentes/espacios en donde las comunidades ya están ejerciendo su voz, que se creen espacios afirmativos para continuar el dialogo y promover el desarrollo de propuestas desde la academia y desde las comunidades. Todo esto, siempre y cuando, seamos responsables con nuestras expectativas, su teorización y exista compromiso con la transformación social y política. 

 

Referencias

Hendricks, M. L., & Testa, R. J. (2012). A conceptual framework for clinical work with transgender and gender nonconforming clients: An adaptation of the Minority Stress Model. Professional Psychology: Research and Practice, 43(5), 460–467. http://doi.org/10.1037/a0029597

 

Laureano, J. E. (2016). Creación de la ciudad política gay en la década de 1970. En Vázquez-Rivera, Martínez-Taboas, Francia-Martínez, Toro-Alfonso (Eds.), LGBT 101: Una mirada introductoria al colectivo, 141-161. Hato Rey, PR: Publicaciones Puertorriqueñas.

 

Meyer, I. H. (1995). Minority stress and mental health in gay men. Journal of Health and Social Behavior, 36(1), 38-56. http://doi.org/10.2307/2137286

 

Meyer, I. H. (2003). Prejudice, social stress, and mental health in lesbian, gay, and bisexual populations: conceptual issues and research evidence. Psychological Bulletin, 129(5), 674-697. http://doi.org/10.1037/0033-2909.129.5.674

 

Meyer, I. H. (2014). Minority stress and positive psychology: Convergences and divergences to understanding LGBT health. Psychology of Sexual Orientation and Gender

Diversity, 1(4), 348-349. http://dx.doi.org/10.1037/sgd0000070

 

Meyer, I. H. (2015). Resilience in the study of minority stress and health of sexual and gender minorities. Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity, 2(3), 209-213. http://doi.org/10.1037/sgd0000132

 

Southwick, S. M., Bonanno, G. A., Masten, A. S., Panter-Brick, C., & Yehuda, R. (2014). Resilience definitions, theory, and challenges: interdisciplinary perspectives. European Journal of Psychotraumatology, 5, 1-14. http://doi.org/10.3402/ejpt.v5.25338

 

Vázquez-Rivera, M., Martínez-Taboas, A., Francia-Martínez, M., Toro-Alfonso, J. (2016). LGBT 101: Una mirada introductoria al colectivo. Hato Rey, PR: Publicaciones          Puertorriqueñas.

 

Wong, F. Y. (2015). In search for the many faces of community resilience among LGBT individuals. American Journal of Community Psychology, 55, 239–241. http://doi.org/10.1007/s10464-015-9703-5

Caleb Esteban, Ph.D.

Editor

Margarita Francia, Ph.D.

Co-Editora

Carol Y. Irizarry, Ph.D.

Editora Auxiliar

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