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Ínaru de la Fuente Díaz, activista co-fundadore de La Sombrilla Cuir

Estudiante de la facultad de Derecho en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

Retos y trayectoria hacia un activismo más inclusivo

     ¿Cómo se vive siendo parte de comunidades ya oprimidas, como lo son las comunidades LGBTIQAP+, en tiempos de crisis? Hemos visto cómo estas comunidades han ocupado muchos espacios a los que antes no tenían acceso para poder sobrevivir en la actual crisis que vivimos en Puerto Rico.  Para adentrarnos al tema, haré un recuento de mis vivencias trabajando por las comunidades LGBTTIQAP+ como activista no-binarie, acompañado de algunos datos históricos sobre los movimientos que nos preceden.

     Desde antes de insertarme en el mundo de la lucha por derechos humanos, tenía mis expectativas sobre las luchas de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero, intersexuales y queer (LGBTTIQ, acrónimo utilizado en aquel entonces). Antes de ir a cualquier grupo, me aseguré de varias cosas: Que las personas dentro del mismo lucharan por los derechos de todas las personas LGBTTIQ, que me aceptara como no me habían aceptado en otros espacios y que escucharan lo que yo tenía que decir como integrante con nuevas ideas. En marzo del 2013, después de un largo tiempo decidiendo, escogí al grupo nombrado Comité Contra la Homofobia y el Discrimen (CCHD). Sin embargo, aunque el grupo haya cumplido con todos los requisitos, tuve muchos malentendidos sobre mi identidad cuando interactué con otros grupos activistas. Como joven que se había descubierto como persona no-binaria, esto es, que no me considero ni hombre ni mujer en cuanto a mi identidad de género, descubrí que todavía dentro de muchos espacios LGBTTIQ, no se me incluía ni se me reconocía. Esto provocó en mí el despertar de que era mi responsabilidad, al igual que la de otras personas no-binarias y otras identidades, el hacernos sentir en los espacios.

Pasaron varios años desde el 2013 y ocurrieron varios logros beneficiosos para nuestras comunidades: Se pasó un proyecto de ley en donde se prohibía el discrimen por orientación sexual e identidad de género en el empleo (conocida como Ley 22 del 2013); se legalizó el matrimonio igualitario en Estados Unidos (y, por consecuencia, a Puerto Rico como territorio colonial); se introdujo la perspectiva de género a las escuelas públicas del país (derogada por Ricardo Roselló en 2018); y se abrieron centros y clínicas para que las personas trans tuviesen mayor acceso a hormonas, medicamentos y tratamiento médico físico y psicológico. Estos eventos le dieron un sentimiento de fuerza a nuestras comunidades LGBTTIQ, pues se vieron como victorias adquiridas a través del trabajo arduo de muches activistas. No obstante, esta victoria no se sintió igual para todas las identidades sexo-género diversas. 

     Ya es conocido desde hace muchos años atrás que tanto las luchas LGBTTIQAP+[1] en Puerto Rico como en otros países del mundo siempre le dieron prioridad a la lucha de los hombres gais, mujeres lesbianas y, en algunas instancias, a las personas bisexuales (LGB). Esto se debe a un proceso que pasaron muchas personas LGB de asimilación, el cual es una conducta en donde las personas equiparan sus comportamientos sociales a los de su opresor, quienes en este caso eran las personas heterosexuales blancas de Puerto Rico. Una parte muy influyente del movimiento LGB se dedicó por muchos años a demostrarle a las personas heterosexuales que cabíamos en la cajita de la familia tradicional. Esto trajo un problema crucial, al cual en el activismo le llamamos la homonormativa[2]; es decir, se creó un modelo de lo que era el comportamiento normal para las personas homosexuales, el cual se basó en la heteronormativa[3], o sea, lo que dicta el comportamiento normal para las personas heterosexuales. Si no te querías casar con una pareja monógama, adquirir un trabajo de alto sueldo, expresar tu género tal y como lo dictaba la sociedad, comprar una casa, ser blanco y tener hijes, entonces no estabas siguiendo las reglas de la homonormativa y, por ende, no eras una persona LGB respetable para les heterosexuales. Este tipo de pensamientos trajo consigo discursos violentos sobre lo “normal” entre personas LGBTTIQ hacia personas como yo, quien rompía con muchas de las expectativas que se tenían contra mi cuerpa[4]. Lo que permitió que algunos grupos e individuos adquirieran poder para arrastrar agendas político-partidistas y competitivas a nuestras luchas era exactamente lo mismo que me oprimía y cortaba oportunidades de crecimiento. Estos movimientos, aunque nos precedieron y nos abrieron mucho paso, no atendían todos los problemas que oscilaban en nuestras vidas LGBTTIQAP+. Los temas de raza, transfeminismo, diversidades funcionales, neurodiversidad, identidades de género, clases sociales, migración y muchos otros fueron echados a un lado para asimilarse al modelo heterosexual. 

     Dado a que fue evidente que las personas trans, intersexuales, queer/cuir, no-binarias, asexuales, pansexuales (TIQNBAP+) no cabíamos dentro de la cajita hetero-homonormativa, no se nos daba la suficiente atención en los medios ni espacios de activismo. Esto trajo consigo mayores repercusiones a personas TIQNBAP+ que continúan presente en la actual crisis que sufre el país. Las leyes a favor de nuestras comunidades fueron insuficientes, pues una gran cantidad de personas TIQNBAP+ se encuentran sin empleo, techo seguro o acceso a salud. Por esto, necesitamos fortalecer muchos de los servicios dirigidos a estas comunidades, los cuales no están disponibles en todo momento y son los primeros que se ven afectados en situaciones de crisis. Por ejemplo, durante los diferentes eventos atmosféricos, tales como el huracán María y los terremotos, muchas personas TIQNBAP+ se vieron vulnerables por la falta de fondos y ayudas para sustento debido a que algunas de las ayudas asignadas por parte de las organizaciones están dirigidas a usos específicos, como lo es el pagar operaciones de afirmación de género (antes llamadas “operaciones de cambio de sexo”) parcial o completamente. En respuesta a esto, desde hace unos años atrás se fueron creando proyectos orgánicos (o sea, que no están inscritos en ninguna agencia gubernamental) liderados por personas TIQNBAP+. Se dieron varios procesos educativos para actualizar terminología anticuada e introducir identidades que tenían poca o ninguna visibilidad. Grupos como Espicy NipplesLa Sombrilla Cuir (siendo yo co-fundadore con Soraya Ferri como personas trans negras), El Hangar en SanturceDiverxs PREditorial Casa CunaWetJusticeUrbe Apie y muchas otras corillas surgieron bajo la necesidad de crear espacio, discusiones y contenido dirigidos a temas anti-racistas, transfeministas, anti-capitalistas, anti-normativos y sin competencias ni personalismos político-partidistas. A través de estos proyectos, trabajamos temas tabúes como los mencionados anteriormente, distanciándonos así del antiguo activismo. Reconocimos nuestras diferencias y particularidades, por lo cual nos desplazamos de la idea de que somos una sola comunidad LGBTTIQAP+ que sienten y padecen lo mismo que las personas heterosexuales. Incluimos nuevas herramientas libertadoras a nuestra lucha (algunas de ellas creadas por personas negras y cuir a través del mundo), las cuales incluyen el lenguaje inclusivo, la interseccionalidad[5], el poliamor y las responsabilidades afectivas con les demás, la creación de espacios de sanación y la apertura de espacios exclusivos para personas trans y negras, entre otras.

     No obstante, la lucha no se ha dado sin algunos obstáculos en el camino, pues a pesar de existir una gran variación de grupos activistas quienes su objetivo es ayudar a personas TIQNBAP+ a tener educación, espacios y techos seguros, alimentos y salud física y mental, no han dado abasto. Proyectos como el Baqueo Pa’ Sobrevivir: Alcancía Cuir, creado por Espicy Nipples, La Sombrilla Cuir y otres colaboradores dirigides a apoyar monetariamente a las personas TIQNBAP+ en los terremotos y la pandemia, requieren más apoyo comunitario. Esto se da desde el hecho de que nos hemos topado con muchas barreras en los espacios heteronormativos y homonormativos, los cuales nos han cortado las oportunidades para visibilizarnos y tener espacios seguros para personas TIQNBAP+. Cosas tan básicas como los privilegios y la lucha de clases son vistos en estos espacios como un tabú incómodo y se ve inclusive al momento de traer un tema interseccional como lo es el racismo, en donde se nos cierran puertas a espacios (LGB) corridos por personas blancas. Esto se debe a que muchas críticas a las dinámicas opresivas de parte de personas blancas a personas negras cuestionan la norma establecida y no son bien recibidas. Para combatirlo, decidí crear foros como Negres Femme al Frente y las infográficas anti-racistas en La Sombrilla Cuir. A pesar de nuestros logros, reconozco que necesitamos engrandecer nuestras alianzas y escuchar a las nuevas generaciones LGBTTIQAP+ para no repetir los errores del pasado.

     Hay algo que debemos tener claro por el resto de nuestro activismo LGBTTIQAP+: Lo que ha causado que nuestras comunidades se unieran no es únicamente la crisis durante eventos atmosféricos y la pandemia. Nuestra fortaleza comenzó por una sola persona, la cual se atrevió a retar los estándares sociales. Nuestra lucha no comenzó con la validación de quienes estaban en el poder, sino por una persona líder a quien se le unieron miles de personas con sentimientos similares para combatir un sistema que nos excluye, discrimina y mata. ¿Quién fue esa persona y en qué momento de la historia lo hizo? Esa respuesta nunca la tendremos clara. Lo que sí sabemos es que yo y muchas otras personas hemos podido sobrellevar muchas luchas siendo pobres, negres, con neurodiversidades, con diversidades funcionales y luchando desde nuestras trincheras. La crisis afecta más fuertemente a nuestras comunidades y mientras el gobierno siga invisibilizándonos y criminalizándonos, no nos rendiremos. Lograremos erradicar la pobreza, xenofobia, capacitismo, racismo, clasismo y la homo-bi-lesbo-trans-asex-pansex-intersex-nobinarie-cuir-violencia que existe en Puerto Rico.

 

Referencias

Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex: A Black feminist critique of antidiscrimination doctrine, feminist theory and antiracist politics. University of Chicago Legal Forum, 1989(1), Article 8, 139-167. http://chicagounbound.uchicago.edu/uclf/vol1989/iss1/8

 

Duggan, L. (2003). The twilight of equality? Neoliberalism, cultural politics, and the attack on democracy. Beacon Press.

Warner, M. (1991). Introduction: Fear of a queer planet. Social Text, (29), 3–17. http://www.jstor.org/stable/466295

 

[1] Acrónimo que utilizamos actualmente en la Sombrilla Cuir

[2]  Término introducido por Lisa Duggan. (2003). 

[3] Término empleado por Michael Warner (1991).

[4] Muchas personas no-binarie nos empoderamos con el uso libre de las letras sobre palabras relacionadas a nuestra existencia física y/o mental-emocional.

[5] Término introducido por Kimberlé Crenshaw (1989). 

*Ínaru de la Fuente Díaz es une estudiante de Derecho y activista no-binarie negre que co-fundó La Sombrilla Cuir. Su objetivo principal es brindar educación popular para Puerto Rico sobre las comunidades trans, cuir y no-binaries, el racismo, el capacitismo y el clacismo. Pronombres: Elle/Ella

Margarita Francia, Ph.D.

Editora

Carol Y. Irizarry, Ph.D.

Co-Editora

Jessica Rivera, B.A.

Co-Editora

Abelardo Rodríguez-Vázquez, M.Psy.

AsistenteTécnico 

Caleb Esteban, Ph.D.

Pasado Editor

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