Reseña

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José G. Luiggi-Hernández, M.A., M.P.H.

Duquesne University

Transgender Psychoanalysis

por Patricia Gherovici

          El psicoanálisis, como toda disciplina, siempre busca reinventarse. Aunque existe resistencia por parte de aquellos practicantes dogmáticos, personas innovadoras como lo ha sido Patricia Gherovici, retan la tradición en búsqueda de cambios teóricos y prácticos para atender las necesidades de nuestres pacientes. En su galardonado libro Transgender Psychoanalysis, Gherovici expone nuevas formas de entender la experiencia trans desde el psicoanálisis, pero también sugiere que el psicoanálisis tenga un cambio sexual – o sea, que sus teorías sobre la sexualidad y sobre la subjetividad humana deben cambiar con lo que nos enseñan las vivencias trans sobre lo que significa ser humano. Ella escribe:

          Históricamente, los psicoanalistas han tomado una posición  

          normativa al leer la transexualidad como un signo de patología.

          Nada puede estar más lejos de lo que uno aprende en la clínica

          sobre la sexualidad[1]. El psicoanálisis necesita una realineación

          sexual y el tiempo es ahora (p.2; traducción).

            Primeramente, y posiblemente lo más importante de su obra, es entender que para aquellas personas que buscan transicionar, el cambio corporal es una cuestión de vida o muerte. Esto sirve no solo como una afirmación de género, sino como afirmación de su existencia. Aunque para algunos, lo trans[2] es visto como síntoma y, por ende, algo a ser cambiado – como lo hemos visto en la actualidad puertorriqueña luego de los “debates” acerca de las terapias de conversión – Gherovici lo conceptualiza como el sínthome. Explico. El origen griego de la palabra síntoma se refiere a un signo o un rastro y, por ende, les analistes siguen este rastro para encontrar su significado lo cual con frecuencia termina en cambios sintomatológicos y en la subjetividad del paciente. Por otro lado, el sínthome es una expresión creativa del paciente que no tiene rastro y por ende no busca eliminación ya que sostiene la vida del paciente y le da significado. ¿Y no es la meta del psicoanálisis el desarrollo de una vida que valga la pena vivirla? Precisamente la transición ha sido para sus pacientes “una reconciliación con la vida” (p.9; traducción).

            Gherovici recuenta la historia transfóbica del psicoanálisis, que, junto a psicología y la psiquiatría, entendía lo trans como patología severa. Esto lo identifica como una paradoja dentro de su disciplina, ya que, a diferencia de otras ciencias y profesiones que han categorizado la diferencia como patología, el psicoanálisis pretende desprender al paciente de su sumisión inconsciente a las reglas, leyes y expectativas sociales y moverle al cambio (o conformidad) de acuerdo con su deseo. La patologización de lo trans en la clínica psicoanalítica trabajó conforme a la moralidad normativa de las instituciones sociales y religiosas. La autora sugiere que, como parte de la ética, no solo se despatologize la experiencia trans en la práctica psicoanalítica, sino que se escuche en estas vivencias aquello que se puede universalizar – aquello que abre puertas a repensar la subjetividad humana o a asumir nuevas subjetividades.

            A través del libro, Gherovici destaca estas enseñanzas. Por ejemplo, aunque parte de aquello que incomoda a muchas personas sobre los cambios estéticos y quirúrgicos de la afirmación de género es el cambio corporal, ¿es esto único a las personas trans? Concordando con la teoría ciborg de Donna Hawaray, los cuerpos de la modernidad ya están consistentemente integrados con la tecnología. Mediante intervenciones médicas y quirúrgicas, las personas usan marcapasos, implantes dentales, lentes, y otras modificaciones corporales para sobrevivir o vivir mejores vidas. ¿Por qué entonces limitar a las personas trans de vivir o de vivir bien? Esto también nos invita a reflexionar sobre por qué limitar a cualquier persona de cambios estéticos y corporales, sean o no sean avalados socialmente. Aquello que es normalizado es predeterminado histórica- y culturalmente, no un destino biológico. Esta lectura nos hace entender que lo no-normativo y la variación sexual, de género y de otros tipos no son patologías, sino patologizaciones – o sea, que son categorías socialmente construidas como aberrantes, inaceptables y enfermizas. Un psicoanálisis trans no solo debe transgredir las normas de género, sino las normas sociales que influyen en formas variantes de ser[3]

            Además, la experiencia de las personas no-binario nos invita a entender la fluidez de la identidad. No solo la identidad sexual y de género, sino de todo tipo. Quienes somos hoy no tiene que ser quienes seremos mañana. Aunque la identidad nos provee consistencia a través del tiempo, la fluidez nos invita a la transformación y el cambio. Más aún, lo no-binario promueve la creatividad en cuanto las categorías, identidades y otras identificaciones sociales existentes no sean suficiente para definir nuestra totalidad, requiriendo nuevas formas de definirnos y entendernos. 

          Aunque el lenguaje utilizado en muchos de sus capítulos es accesible para el público en general, y sus contribuciones aportan al campo de la salud mental, otros capítulos se enfocan en teorizaciones específicas del psicoanálisis, por lo cual no entraré en detalle. Dicho esto, a través de su escritura, ella explica conceptos psicoanalíticos de forma sencilla para aquellas personas nuevas al campo que desean conocer más sobre el pensar psicoanalítico – un estilo recurrente en sus otros demás libros.  Para aquellos interesados o conocedores del psicoanálisis, estos capítulos incluyen: (1) la exploración de la histeria para investigar la variación de género, (2) los límites del modelo edipal para entender lo trans, (3) la utilidad política de las expresiones de género no-conformistas, y (4) la elaboración de estudios de casos sobre el tema. Este último punto me parece importante, ya que los aportes de la autora a la teoría y la práctica nacen de su experiencia clínica y la experiencia de sus pacientes, lo cual provee un punto de vista distinto al de la ciencia positivista falta de la subjetividad humana y de la filosofía enajenada de las realidades vividas. Al enfocarse en sus pacientes y en ejemplos de la cultura popular, Gherovici busca entender como lo trans se vive de forma subjetiva o individual y apunta a las particularidades de estos casos, mientras también encuentra puntos de convergencia entre ellos – lo cual particulariza la práctica psicoanalítica de algunas otras prácticas psicoterapéuticas que buscan atender las necesidades del paciente de forma estandarizada.

 

          Es importante destacar que los libros de Patricia Gherovici siempre aportan las discusiones sociopolíticas contemporáneas de las personas sobre quien escribe. Por ejemplo, Please Select Your Gender, cuya temática también es trans, se publicó durante el tiempo en que se debatía sobre si las personas trans deberían usar el baño del género con cual se identifican o cual les fue asignados al nacer. The Puerto Rican Syndrome aporta a la conversación sobre el colonialismo en Puerto Rico y sus efectos psicológicos en la población puertorriqueña. En este caso, Transgender Psychoanalysis(2017) fue escrito durante un tiempo en que se empezaron a crear nuevas protecciones legales para las personas trans, incrementó si visibilidad en la televisión, el cine, la música y otras artes, mientras se hacían más evidente sus problemas y necesidades en los medios de comunicación masiva. Curiosamente, las reflexiones de este libro son de gran importancia para el Puerto Rico en que vivimos mientras escribo este documento. En las últimas semanas vimos como el estado local respaldó los intereses de la comunidad religiosa fundamentalista, asegurando su supuesto derecho a tratar de reprimir el deseo sexual no-heterosexual y la expresión no-cisgénero, negando por completo la realidad deshumanizante de las terapias de conversión. La ética que encontramos en Transgender Psychoanalysis sirve para clarificar como lo trans no es una patología y que la afirmación de género también es una afirmación de la vida. Practicar terapias de conversión y restringir las terapias afirmativas (como buscaron hacer) entonces reprime la expresión y el deseo y afirman la muerte.

          Para culminar, quería aclarar que, aunque la conceptualización provista por Patricia Gherovici es novedosa para el campo del psicoanálisis, podría ser parte del zeitgeist – o la forma dominante de pensar dentro del campo, aunque no antes verbalizado o escrito formalmente. En Puerto Rico, muchos psicoanalistas demostraron repudio hacia las terapias de conversión. Además, el reconocido psicoanalista francés Jaques Alain-Miller, tan reciente como este mes, comunicó su posición transfóbica contra la supuesta “ideología trans.” El comunicado fue recibido con muchísimo repudio internacional, lo cual indica un cambio en el pensamiento psicoanalítico sobre la subjetividad trans.

 

[1] Para aclarar, cuando ella habla sobre la sexualidad, no se refiere solamente al acto, deseo u orientaciones sexual, sino también a las identificaciones sexuales y de género. 

[2] Cuando escribo lo trans, me refiero a la gama de experiencias innumerables y subjetivas de lo que es ser tanto transgénero, transexual, no-binario y otras formas de expresar el género que no son conformes con lo establecido.

[3] Esto no es un llamado a que “todo se vale,” ya que todo proceso psicoanalítico también debe ser uno en donde se reflexiona sobre las repercusiones de nuestros actos y sus efectos en las demás personas.