Mensaje de la Editora

Margarita Francia Martínez, Ph.D.

Universidad Albizu

Editora Boletín Diversidad

     El pasado 2020 cerramos el año reflexionando sobre el impacto de los temblores y la pandemia en la población puertorriqueña y muy especialmente en la comunidad LGBTTIQ+. En esta, nuestra primera edición del 2021, continuamos enfrentando los retos de la pandemia del COVID-19, con su sabida secuela de problemáticas de índole psicológico, familiar, social y laboral. Hemos visto cómo, a medida que pasa el tiempo en pandemia, nuestra comunidad LGBTTIQ+ sigue estando atrapada en discursos de odio, discrimen, falta de acceso a servicios médicos y de salud mental y viviendo en condiciones de pobreza. Datos obtenidos de investigaciones recientes que abordan el impacto emocional de la pandemia en personas de la comunidad LGBTTIQ+ han destacado que reportan tasas altas de depresión, ansiedad y estrés y el estar encerrados en sus hogares con familiares que les rechazan ha abonado a esto.

     También se documenta que, al igual que muchas personas, han perdido sus empleos, aumentando así sus dificultades económicas y han confrontado obstáculos para continuar sus tratamientos médicos (ej. hormonales, cirugías, etc.). Por si fuera poco, a estos estresores se añade la imposición de medidas, enmiendas y memoriales que atentan contra la dignidad y derechos de la comunidad LGBTTIQ+. Se retomó la discusión sobre las terapias de conversión con el fin de prohibir su práctica por  profesionales de las salud mental, no obstante, una medida propuesta permitiría a sacerdotes, consejeros espirituales y pastores el que las practiquen. Por otra parte, en lo que va de año también se ha propuesto un proyecto de ley que pretende “proteger a los menores a ser sometidos a tratamientos hormonales y/o cirugías”. Para todxs aquellxs niñxs y adolescentes cuya única esperanza de vivir una vida de acuerdo con su realidad sea comenzar unos procesos de evaluación para considerar recibir en un futuro terapias con bloqueadores hormonales, esa posibilidad sería negada. Una vez más vemos cómo los discursos de discrimen y odio se disfrazan con medidas que atentan contra la salud física y mental de personas cuya orientación sexual o identidad de género son consideradas desviadas y “enfermas” por un sector que demoniza a la comunidad LGBTTIQ+ simplemente por no cumplir con las expectativas de una sociedad que privilegia el heterosexismo y el ser cisgénero. Sin embargo, habemos muchas personas comprometidas con la equidad, con la erradicación del discrimen y las microagresiones, con la educación sobre estos temas al público en general y con promover una sociedad que acoja a todxs por igual. Tenemos mucho camino por andar, pero trabajando juntxs lo podemos lograr.