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Dra. Alixida Ramos-Pibernus

Ponce Health Sciences University

Comunidades género-diversas: ¿Qué hemos adelantado durante la pasada década?

     Durante la pasada década, hemos visto un aumento en los esfuerzos dirigidos a visibilizar, entender y atender las necesidades sociales y de salud que enfrentan las comunidades género-diversas (trans, género no-binarie, cuir, entre otras) en Puerto Rico. Las redes sociales y los medios de comunicación han promovido y facilitado la visibilización y discusión de temas relacionados a la diversidad de género y sexual que antes eran poco discutidos, como por ejemplo el uso de pronombres. También hemos visto mayor representación de personajes género-diversos en series televisivas, lo que promueve la discusión de estos temas entre familia y amistades. Sin embargo, también hemos visto un aumento en la violencia que experimentan nuestras comunidades género-diversas tanto a nivel estructural como individual. Por ejemplo, durante el pasado año, al menos 7 personas género-diversas fueron asesinadas en Puerto Rico. Además, fuimos testigo del mal manejo de los medios de comunicación y la policía para reportar estos crímenes al negarse a reconocer la identidad de género de sus víctimas. No obstante, a pesar de que aún falta camino por recorrer, también es cierto que hemos visto algunos adelantos en términos de política pública, servicios de salud género-afirmativos e investigaciones científicas. 

Política pública

     Varias organizaciones defensoras de los derechos civiles han promovido proyectos de política pública principalmente dirigidos a lograr justicia social para las comunidades género-diversas. Algunas de estas luchas han logrado la aprobación de proyectos y leyes en Puerto Rico. Por ejemplo, en el 2013 se aprobaron leyes para prohibir el discrimen por orientación sexual e identidad de género (Ley 22-2013) así como para enmendar la ley de violencia doméstica y extender las protecciones a todas las parejas independientemente de su género u orientación sexual (Ley 23-2013). Luego, en el 2018, se aprobó la Ley de Adopción de Puerto Rico que permite la adopción a parejas del mismo sexo. Además, en ese mismo año se aprobó la ley que permite el cambio del marcador de género en el certificado de nacimiento. Estos son solo algunos ejemplos de cómo se han movido los derechos de las personas género-diversas en Puerto Rico. Sin embargo, estos cambios no son lineales y dependen en gran medida del gobierno de turno. 

Durante la actual administración, las senadoras y senadores Rivera Lassén, Santiago Negrón, Bernabe Riefkohl y Vargas Vidot propusieron el proyecto del senado 184 para enmendar los Artículos 1.06 y 2.03 de la Ley 408-2000, según enmendada, conocida como “Ley de Salud Mental de Puerto Rico”; y enmendar los Artículos 3 y 41 de la Ley 246-2011, según enmendada, conocida como “Ley para la Seguridad, Bienestar y Protección de Menores” con el fin de ampliar las protecciones de la salud física y mental de los menores de edad, mediante la prohibición de la práctica de la terapia de conversión sobre sus personas, y para otros fines relacionados. El proyecto fue derogado al no obtener los votos necesarios para su aprobación. Sin embargo, el que aún se continúe debatiendo el uso de las terapias reparativas para el cambio de la identidad de género y la orientación sexual redunda entre otras cosas, en que se reviva el trauma y deslegitimen las identidades de género que se alejan de los entendidos tradicionales. Nuevamente, les obliga a tener que salir a defender y justificar su existencia ante una sociedad que constantemente les margina en pleno siglo veintiuno. 

     Por otra parte, este año también se presentó el proyecto de la cámara 768 cuyo propósito principal era prohibir el uso de bloqueadores de hormonas y tratamientos hormonales en menores. Asimismo, buscaba tipificar como delito de maltrato el permitir que menores accedieran al cuidado género-afirmativo como parte de su proceso de transición. Nuevamente, esto atenta contra la seguridad social y derechos de las personas género-diversas. Similar a esta propuesta, siguen surgiendo iniciativas por parte de un segmento conservador y fundamentalista del país que pone en riesgo el bienestar y la seguridad social de nuestra población género-diversa.

Servicios de salud género afirmativos

            A diferencia de hace diez años atrás, cuando la poca disponibilidad de servicios género-afirmativos llevaba a que la comunidad trans tuviera que recurrir a la auto-hormonación, hemos visto la apertura de clínicas con un enfoque género-afirmativo. Aunque escasos, tenemos profesionales de la salud con el adiestramiento para facilitar y acompañar los procesos de transición con hormonas. Incluso, hay cirujanos que han comenzado a realizar algunas cirugías como aumento de senos y doble mastectomía. Además, hay organizaciones y fundaciones que proveen ayuda económica para atender algunos servicios sociales, como vivienda y alimentación, así como para comenzar el proceso de transición médica. Cabe resaltar que la mayoría de esos servicios se encuentran en el área metropolitana, lo que continúa perpetuando la dificultad de acceso a personas que viven en otras partes de la isla. Asimismo, todavía hay una brecha en el cuidado de salud preventivo a las comunidades género-diversas. 

Investigaciones

            En términos de las investigaciones, durante los años 90’s se comenzaron a realizar esfuerzos de investigación principalmente dirigidos a entender cómo mujeres de experiencia trans se veían afectadas por el VIH en Puerto Rico. Esto llevó a que las investigaciones se enfocaran en entender y atender las disparidades de salud experimentadas principalmente por mujeres trans, generando que otros grupos género-diversos quedaran rezagados y poco estudiados. No fue sino hasta hace aproximadamente 10 años que se comenzaron a realizar estudios que incluyesen hombres de experiencia trans. De la misma forma, los pasados cinco años han visto un aumento en la inclusión de personas no-binaries y cuir en los estudios de investigación. No obstante, debido a que el aumento en estas investigaciones es relativamente reciente, aún existen muy pocos trabajos publicados sobre las necesidades sociales y de salud de hombres trans y personas no-binares, entre otros grupos género diversos. 

            A pesar de que este aumento en investigaciones podría considerarse como una forma de adelantar el conocimiento que se tiene sobre las necesidades de la comunidad, también ha generado incomodidad entre la comunidad que se siente saturada y resentida por las constantes invitaciones a participar de estudios de investigación. Sus reclamos van dirigidos a que en muchas ocasiones no han visto cómo les beneficia el relatar sus historias una y otra vez sin ver cambios a nivel social o estructural. Esto, a mi parecer, es una invitación a reflexionar sobre la forma en la que se produce el conocimiento científico y nuestra responsabilidad por la diseminación adecuada de la información recopilada. En muchas instancias, los datos que generan las investigaciones no se publican en revistas científicas, lo que lleva a que dupliquen esfuerzos y que las comunidades sientan que se les hacen las mismas preguntas una y otra vez sin que se traduzca en cambios reales y urgentes para su bienestar. Otro elemento importante es que la mayoría de los estudios que se realizan son de corte exploratorio y no necesariamente con el fin de intervenir o atender una necesidad apremiante. Al reconocer la importancia de continuar documentando y atendiendo las necesidades sociales y de salud, a la vez que somos sensibles a las quejas válidas de las comunidades género diversas, proveo algunas recomendaciones:

  1. Debemos estar pendientes a las dinámicas de poder que se pueden generar cuando hacemos investigaciones con comunidades socialmente vulneradas. El incluir personas género-diversas como parte de equipos de investigación es una práctica que les abre paso y les da voz para priorizar sus necesidades. 

  2. Los datos recopilados por medio de investigaciones deben ser publicados en revistas científicas. Los datos que no se publican se pierden en el abismo de las instituciones universitarias y no resultan útiles a la hora de informar a nivel de política pública o intervenciones que vayan dirigidas a atender las necesidades identificadas. Asimismo, el publicar estos datos reduce la posibilidad de que se dupliquen esfuerzos y aporta a que se generen cambios evidentes.

  3. Debemos movernos de la exploración a la intervención. Podríamos decir que se ha logrado documentar muchas de las necesidades que experimentan las comunidades. Utilicemos esos datos para atenderlas e intervenir en diferentes niveles para generar cambio social y estructural. 

  4. Ser conscientes del uso del lenguaje en los cuestionarios y la forma adecuada en la que se recoge la información sobre identidad de género y orientación sexual. Esto facilitará hacer análisis de datos por grupos independientes y no continuar agrupándoles en una misma categoría. Las necesidades de mujeres de experiencia trans, hombres de experiencia trans y personas no-binaries son diferentes y deben ser documentadas como tal.