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La identidad desde una mirada del adultx emergente LGBT+

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Marisol López González, M.S. (ella/she), Estudiante Doctoral

Universidad Carlos Albizu

Estudiante Doctoral de Psicología Clínica, Psy.D de la Universidad Albizu

feminista, aliada y miembro de la comunidad LGBT+, cristiana

Una aficionada del arte que se (re)encuentra entre la música, los museos y el cine

      Al hablar de identidad, de seguro pensamos un sinnúmero de cosas que componen, que son parte y que significan dicho concepto (p.e religión, edad, generación, orientación sexual, expresión de género, raza, etnia, etc.). “Desde una perspectiva psicológica, la identidad se entiende como las afirmaciones de un individuo de pertenencia y significados asociados con categorías sociales particulares” (Ashmore et al. 2004, como citado en Shields, 2008, p. 301). Por ende, cabe destacar que la identidad es un constante proceso de autodefinición, atravesado por nuestras experiencias, espacios de socialización, instituciones sociales y demás. Es un entendido subjetivo de elementos que se interseccionan y se hacen parte de la significación de quién unx es como persona. 

Adultez emergente

     Jeffrey Arnett, un profesor de psicología con un interés en los temas de desarrollo humano, propuso la teoría de la adultez emergente. Esto como una propuesta de un nuevo periodo de vida, de personas entre las edades de 18 a 29 años que ya no son adolescentes, pero tampoco han llegado al periodo de la adultez. Primordialmente se manifiesta como un fenómeno cultural en países post-industrializados, es decir, países desarrollados. Arnett (2000, 2004, 2006, 2007) estipula como parte de las características principales de la adultez emergente la negociación de experiencias de inestabilidad, sentimientos de transición, mayor atención al autoenfoque, y la exploración de identidad. Entre otras características, lxs adultxs emergentes son definidxs por estar todavía entre el proceso de obtener una educación, no estar casadxs, no tener hijxs, no poseer un hogar propio y no contar con los ingresos suficientes para ser independientes económicamente. 

Esta etapa de desarrollo propuesta por Arnett, va acorde con lo rápido que va el paso de la vida en lugares desarrollados, así como lo cambiante que es. Por ende, considera el impacto que tiene en sujetos de los cuales se espera que alcancen unos roles exigidos culturalmente, tales como educación, familia, trabajo, etc. Sin embargo, desde esta mirada, lo que se atiende es el transitar de lxs adultxs emergentes en sus reflexiones y autoenfoque, así como en la (de)construcción de los discursos normativos. Inclusive, uno de los elementos principales de este nuevo periodo de vida propuesto es la exploración de identidad.

 

Adultxs emergentes LGBT+ e identidad sexual

     Sherry et al. (2010) estipulan que las personas de minorías sexuales y de género, entiéndase personas de la comunidad LGBT+, pasan por procesos diferentes en su desarrollo debido a su orientación sexual y/o identidad de género. Al hablar de la comunidad LGBT+, partimos de que estxs ya transgreden muchos de los discursos normativos de los cuales somos parte aquí en Puerto Rico, tales como la heteronormatividad y/o los roles de género binarios, entre otros.  Sin embargo, Torkelson (2012) estableció que la orientación sexual y el desarrollo de la identidad durante la adultez emergente, en especial aquellos que su sexualidad puede diferir de los modelos normativos, pueden tanto estar llenos de oportunidades para la exploración como al mismo tiempo estar restringidos.  En una sociedad que constitutivamente parte de la heteronormatividad, esto nos da una pista de qué procesos psicológicos posiblemente las personas adultas emergentes de la comunidad LGBT+ se encuentren pasando a la hora de atender esas oportunidades de exploración que se encuentran con restricciones opresivas dentro del sistema social al que enfrentan.  

 

Adultxs emergentes LGBT+ e identidad religiosa

     Arnett (2000) halló que lxs adultxs emergentes notan una mayor exploración en procesos de identidad religiosa/espiritual. Considerando que vivimos en una sociedad predominantemente religiosa, podemos hipotetizar que existen muchas personas de la comunidad LGBT+ con creencias religiosas y/o espirituales, lo que nos lleva a cuestionar si estas personas logran consolidar ambas identidades. Según establece Scroggs (2018), las personas dentro de este periodo han logrado un mayor desarrollo de su cerebro, que se ve reflejado en la capacidad de realizar preguntas abstractas y complejas, entre las que se incluye la existencia de Dios. Es decir, que lxs adultxs emergentes cuentan con facultades cognitivas que anteriormente no poseían para poder atender asuntos complejos relacionados a la religiosidad y espiritualidad en sus vidas.  Esto se puede apreciar en hallazgos como “durante la edad adulta emergente, la identidad religiosa puede tener menos que ver con la adhesión a las prácticas religiosas tradicionales y, en cambio, con un proceso cognitivo y emocional de desarrollo personal de creencias y prácticas espirituales” (Scroggs, 2018, p. 3).

     Se ha hipotetizado que las personas de minorías sexuales se sienten más incómodxs en una comunidad religiosa que mantiene nociones negativas hacia su identidad sexual, pero sí logran encontrar consuelo a través de sus creencias religiosas y espirituales en oposición a la actividad religiosa basada en grupos. Es interesante esta observación, ya que establecimos previamente que Arnett focaliza la experiencia de adultxs emergentes en países desarrollados, los cuales típicamente cuentan con el elemento de individualidad como uno de sus valores. Según lo antes compartido, es en esa experiencia como individuo que se encuentra consuelo, lo que aparta a la persona de la experiencia colectiva. En una sociedad donde vivimos entre ambos valores (individualismo y lo colectivo), se debería de explorar qué impacto tiene el que personas adultas emergentes LGBT+ tengan que abandonar ser parte del colectivo religioso, y si esto pasa, si encuentran consuelo y comodidad en otros grupos y/o prácticas. 

Conclusión

     A través de esta breve reseña sobre este tema se expone la importancia de atender asuntos que parten desde una interseccionalidad complejizada. Nos lleva a reflexionar cuáles pueden ser nuestras aportaciones desde el campo de la psicología para fomentar conversaciones que consideren y visibilicen la experiencia de las personas de la comunidad LGBT+. Sobre todo, es un promover de crear espacios terapéuticos y de convivencia que sean seguros y permitan la consolidación de esas categorías sociales (p.e espiritualidad/religiosidad y sexualidad), las cuales muchas veces desde los discursos normativos, se cancelan, se violentan y/o se excluyen. Debemos (re)conocer, validar y entender, que, si no velamos y actuamos desde una perspectiva de justicia social, no hay salud mental que se mantenga. 

 

Referencias

 

Arnett, J. J. (2000). Emerging adulthood: A theory of development from the late teens through the twenties. American Psychologist, 55(5), 469.

Arnett, J. (2004). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties. Oxford University Press.

Arnett, J. (2006). Emerging adulthood: Understanding the new way of coming of age. In J. Arnett, & J. Tanner (Eds.), Emerging adults in America: Coming of age in the 21st century (pp. 3-19). American Psychological Association. doi:10.1037/ 11381-001

Shields, S.A. (2008), “Gender: An intersectionality perspective”, Sex Roles, 59 (pp. 301-331).

Sherry, A., Adelman, A., Whilde, M. R., y Quick, D. (2010). Competing selves: Negotiating the intersection of spiritual and sexual identities. Professional Psychology: Research and Practice, 41(2), 112.

Scroggs, B., Miller, J. M., y Stanfield, M. H. (2018). Identity development and integration of religious identities in gender and sexual minority emerging adults. Journal for the Scientific Study of Religion, 57(3), 604-615.

 

Torkelson, J. (2012). A queer vision of emerging adulthood: Seeing sexuality in the transition to adulthood. Sexuality Research and Social Policy, 9 (pp.132–142).