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Artículos

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Dra. Raquel Delgado Valentín, PhD., MTS

Universidad de Puerto Rico

Recinto de Mayagüez

Trabajadora Social Feminista, Independentista y Socialista. Desde el 2001 se ha destacado como activista y organizadora política en diversos espacios y su lucha feminista está enmarcada en la descolonización de Puerto Rico y la defensa de los derechos humanos de las otredades. Actualmente es Directora de Movilización de Recursos y Colaboraciones entre Movimientos Sociales del María Fund. Además, ofrece cursos en la Facultad de Ciencias Sociales, en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez

Somos mucho más que dos: mirada interseccional de los géneros

Sexo y género: Trascendiendo el binario

     Los conceptos sexo y género se han construido culturalmente desde una mirada binaria que no contempla otras posibilidades. El binario de sexo/género promueve la idea de que solo existen dos posibilidades: hombre-mujer, invisibilizando las identidades de género diversas y promoviendo la desigualdad porque caen fuera de la norma establecida. Sin embargo, la mera existencia de la diversidad cuestiona el sistema binario en nuestra sociedad. Sexo y género son categorías que tienen diferencias y similitudes, que pueden variar por cultura y momento histórico y desde su conceptualización pueden reproducir opresiones al invisibilizar a comunidades vulnerabilizadas. Distinguirles es sumamente necesario para poder comprender las diversidades existentes que trascienden el binario.

      El término sexo hace referencia al estado biológico de una persona y toma en cuenta cuatro clasificaciones: genitales, cromosomas, niveles hormonales y gónadas. La clasificación de una persona cuando nace se hace desde lo binario, limitando el concepto de sexo a dos categorías biológicas de hombre y mujer, y el género a dos categorías sociales de masculino y femenino. No obstante, la intersexualidad es una categoría que existe, pero típicamente no se nombra dentro de las posibilidades del sexo. Nieto (2008) cuestiona este binario planteando que “el modelo biomédico occidental sustentado en la necesidad de acomodar la variación cromosómica de la intersexualidad a la exigencia socio-legal suprime la pluralidad intersexual y la reduce a una mínima expresión dual” (p. 47).  Aunque es una decisión social, la determinación del sexo que se asigna a una persona cuando nace, recae grandemente en el conocimiento científico médico, invisibilizando el conocimiento personal de las subjetividades que involucra.

     Es por ello, que personas TNBIQLGBAP+ (Trans, No Binaries, Intersexuales, Queer, Lesbiana, Gays, Bisexuales, Asexuales, Pansexuales, y demás incluidas en el espectro de la diversidad) avalan la sustitución del término sexo (o sexo biológico) por sexo asignado al nacer para reconocer que las personas son clasificadas cuando nacen como mujer, hombre o intersexual, usualmente por profesionales de medicina. Utilizar el concepto “sexo asignado al nacer” es un cuestionamiento de esta asignación involuntaria y que a su vez permite a la persona decidir sobre cómo quiere ser identificada independientemente de la clasificación impuesta. Dichas clasificaciones invisibilizan otras variaciones de anatomía sexual, diferentes a la corporalidad aceptada para hombres y mujeres, que distinguen a las personas intersexuales. Existe la asunción de que el sexo asignado al nacer es equivalente al género.  

     Se conceptualiza el género como un conjunto de prácticas, creencias, normas

representaciones y roles sociales que se han construido socialmente en función de una simbolización de la diferencia entre dos categorías: femenino y masculino. No obstante, esta construcción binaria del género ha invisibilizado un espectro de identidades: personas cuirs, personas no binarias, personas de género fluido, entre otras. Esta clasificación cultural entre categorías define la división del trabajo, las prácticas sociales y el ejercicio del poder a la vez que se atribuyen características exclusivas a cada sexo en materia de moral, psicología y afectividad.

Lamas (2000) plantea que “la cultura marca a los sexos con el género y el género marca la percepción de todo lo demás: lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano” (p. 4).  Es decir, el género sería un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias percibidas entre los sexos asignados al nacer y una categoría fundamental para delimitar las relaciones de poder. El género como construcción social refleja y fortalece las relaciones particulares de poder entre personas desde una mirada binaria y androcéntrica. Es el referente que dicta la sociedad como la norma. Es por ello que es necesario comprender que este esquema cultural de género binario, impuesto socialmente, tiene unas consecuencias por esa designación y afecta a las personas que no caen dentro de esas clasificaciones. 

     Vivimos en un sistema cisheteropatriarcal colonial, racial y capitalista que fomenta discriminación, marginalización y violencia hacia personas feminizadas y personas TNBIQLGBAP+. Desde este sistema se construye el género para mantener las dicotomías de hombre/mujer. Cuestionar el binario y comprender el espectro de la diversidad significa no ceder a favor de unas determinadas ideologías del poder, que naturalizan y reproducen la desigualdad.

Interseccionalidad y géneros

     Para la lógica dominante (la fuerte alianza entre cisheteropatriarcado y capitalismo), el feminismo se ha convertido en un impertinente por su cuestionamiento y lucha constante en contra de la opresión que sufren las mujeres y otros grupos marginalizados como las personas TNBIQLGBAP+. Los movimientos feministas visibilizaron el asunto de “lo personal es político”, cuando argumentaron que la situación de desigualdad que experimentan las mujeres es la violación de derechos humanos más generalizada en el mundo y uno de los principales conflictos que enfrentan a nivel individual y colectivo. De igual manera ocurre con la situación de opresión que experimentan las personas TNBIQLGBAP+, pues está fundamentada en el mismo sistema cisheteropatriarcal que impone roles, normas y comportamientos basados en la masculinidad hegemónica y la feminidad subordinada.

Esta concepción genérica hegemónica está enraizada en el patriarcado, un sistema cuestionado desde las teorías feministas. El patriarcado influye en todas las instituciones sociales, económicas y culturales presentes en las sociedades.  Ese sistema oprime, minimiza y no permite ejercer plenamente la ciudadanía a las personas categorizadas como otredad (mujeres, personas feminizadas, personas TNBIQLGBAP+, etc.), limitando el acceso a los derechos humanos. Desde los feminismos se plantea que la categorización de los géneros es una construcción social dictaminada por el sistema hegemónico dominante desde una mirada binaria y se moldea a las normas de las expectativas sociales.          

     Las teorías feministas no tan solo permiten comprender la opresión que experimentan las mujeres, pues visibilizan las relaciones de desigualdad que se generan a través de la categorización de los géneros desde el binario, sino que, además, permiten hacer un análisis  crítico de la opresión que sufren personas TNBIQLGBAP+. Proporcionan un marco conceptual para desarrollar una perspectiva del mundo que afecta a las otredades, proponen una visión distinta de las nociones de subjetividades e identidades, permiten problematizar el género teorizando sobre la matriz de relaciones de dominación (Hill, 2000) que abordan múltiples niveles de opresión entrelazados. La base conceptual es la eliminación de la opresión y la apuesta a la dignidad humana de todas las personas.

     Desde los feminismos se ha visibilizado al patriarcado como el causante de las opresiones que experimentan las mujeres y otredades. El pensamiento teórico feminista afro-céntrico plantea la interconexión entre la opresión de raza, clase y género y le confiere valor a una subjetividad negada. Cuando se representa un grupo de personas como lo universal, se evade el reconocimiento de las subjetividades, lo que ejerce un efecto negativo y destructivo en un mundo altamente diferenciado (Hill, 2000). Esta representación no considera las relaciones de poder vigentes y reproduce y refuerza dinámicas específicas de inclusión/exclusión, marginando así todas aquellas identidades no hegemónicas. Esta exclusión impide la inclusión social de todas las personas.

Kimberlé Crenshaw (1989), feminista negra que acuñó el término interseccionalidad para enfatizar en las intersecciones de género, raza y clase social. Esta definición ha permitido comprender la conexión entre ser mujer, negra, y empobrecida, y ser receptora de las múltiples violencias de un sistema racista, capitalista y patriarcal. Los movimientos feministas han utilizado la interseccionalidad como una herramienta conceptual y analítica útil para comprender y responder a las formas en que el género se entrelaza con otras categorías de opresión reconociendo la raíz de situaciones específicas de dominación y privilegio que no pueden ser comprendidas desde una lógica jerárquica y dicotómica. 

     Un análisis interseccional permite entender que todas las personas, de alguna manera u otra, atraviesan por diversas relaciones y categorías de poder que son construidas y determinan las corporalidades, experiencias y situaciones desarrolladas por la exclusión y promovidas por un sistema de opresión múltiple. También aporta al entendimiento de que las personas viven identidades múltiples y pertenecen a más de una comunidad a la vez y pueden experimentar opresiones y privilegios de manera simultánea. El análisis interseccional tiene como objetivo visibilizar las identidades variadas cuando cargan con las intersecciones de identidad de género, orientación sexual, raza, etnia, estatus migratorio, edad, clase social, diversidad funcional, entre otras, y exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades. 

     Desde la interseccionalidad se puede problematizar y luchar por la erradicación de múltiples opresiones de forma simultánea. La invitación de Crenshaw (1989) es que los esfuerzos se enfoquen en abordar las necesidades y los problemas de las personas marginalizadas, y reestructurar y rehacer el mundo donde sea necesario, para que otras personas que están marginalizadas también se beneficien de estas luchas.  

Reflexiones finales

     El género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias percibidas entre los sexos biológicos al tiempo que una categoría fundamental para delimitar las relaciones de poder. El género es una construcción social que determina conductas, valores, actitudes, prácticas o características culturales basadas en el sexo.  Refleja y perpetúa las relaciones particulares de poder entre personas desde una mirada binaria y androcéntrica.  Esta construcción social perpetúa la desigualdad de las otredades. Es el referente que dicta la sociedad como la norma de la construcción de las corporalidades y estas se moldean a las normas de las expectativas sociales. Esta postura de que todo se tiene que encajonar en la heteronormatividad, demuestra que aún existe un discurso que reproduce y legitima la dicotomía del género y el sexo.

     Desde las trincheras de los feminismos, diversas personas han alzado su voz para poner al descubierto la posición de subordinación de las otredades y contribuir al derrocamiento del patriarcado, pues es el sistema que oprime, minimiza y obstaculiza la emancipación. Los diversos movimientos feministas a lo largo de los siglos XX y XXI han realizado enormes esfuerzos para fundamentar teóricamente las situaciones de desigualdad promovidas por el sistema hegemónico dominante. Como movimiento histórico, está enfocado en el cuestionamiento de las condiciones existentes, las relaciones de poder y en el desarrollo de coaliciones que promuevan una transformación social. Los debates filosóficos y analíticos que surgen de las teorizaciones feministas son políticos, y desde esos debates se sugiere un proyecto emancipatorio cuya meta es la libertad de las otredades.  

     Nuestra responsabilidad histórico-social está en redefinir nuestras prácticas profesionales, acciones, visiones, perspectivas, marcos teóricos y epistemológicos feministas partiendo del compromiso con la justicia social, la equidad y la libertad. Sobre todo, comprometernos en la praxis de conectar el conocimiento de la práctica de nuestro quehacer profesional a la producción de conocimiento que sirvan de referente para validar el reconocimiento de la diversidad, propiciar el respeto a la dignidad humana, procurar la protección de los derechos humanos y generar mayor compromiso en la defensa de la vida, la seguridad y la dignidad de todas las personas. Cuestionar la construcción del género y asumir posturas más radicales que promuevan un trabajo feminista, inclusivo y emancipador, sería un gran adelanto hacia la equidad, justicia social y libertad. 

 

Referencias

 

Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex: A black feminist   critique of antidiscrimination doctrine, feminist theory and antiracist politics. University of Chicago Legal Forum, 140, 139-167.

Hill, P. (2000). Black feminist thought: Knowledge, consciousness, and the politics of empowerment. Routledge.

Lamas, M. (2000). Diferencias de sexo, género y diferencia sexual. Cuicuilco, 7(18). Redalyc.  https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35101807

 

Nieto, J. (2008). Transexualidad, intersexualidad y dualidad de género. Ediciones Bellatera.

 

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